Libia y la factura en la sombra

 

La visita triunfal de Sarkozy y Cameron a la nueva Libia ha sido toda una lección de cortesía y buenos modales, fíjense. El líder del Consejo Nacional de Transición insistía en agradecerles la ayuda para derrocar a Gadafi, y los presidentes francés y británico no hacían más que repetir que no hay de qué, que ha sido un placer, que volverían a hacerlo y que si les necesitan en otra ocasión, sólo tienen que silbar. Sarkozy subrayó una y otra vez que no esperan contrapartida ninguna; lo repitió incluso cuando nadie le preguntaba por el asunto, de modo que acabó sonando a ‘excusatio non petita’.

Yo me imagino la conversación a puerta cerrada: “Queremos agradeceros vuestra ayuda, pero no se nos ocurre cómo”, diría el líder rebelde. “Pues no se me ocurre nada”, respondería Sarkozy mirando al techo. “A mí tampoco”, secundaría Cameron mirándose las uñas.

Que los nuevos gobernantes de Libia tienen mucho que agradecer a la OTAN, y especialmente a los países que han llevado la iniciativa, es innegable. Sin los bombardeos, sin el suministro de armas y sin el despliegue de “asesores”, no habrían conseguido expulsar a Gadafi de Trípoli, aunque el relato mediático invite a creer que todo ha sido fruto del heroísmo de los rebeldes, dado que en esta guerra, a diferencia de otras, se han cuidado mucho de no mostrarnos ni un solo bombardeo, ni las típicas imágenes desde el visor del piloto, ni las columnas de fuego y humo de otras veces.

Y teniendo tanto que agradecer, a todos se nos ocurre cómo. El petróleo de Libia es uno de los más cotizados del mundo, por su calidad y facilidad de extracción. Además, el país necesita una reconstrucción a fondo, para la que no faltarán empresas constructoras de adivinen qué países. Y por si fuera poco, Libia tiene una fortuna en el exterior, aunque retenida en cuentas en esos mismos países que hoy ofrecen ayuda.

En fin, que aunque Sarkozy y Cameron llegasen como amigos, más bien parecía la visita del cobrador que entrega en mano el recibo mensual. Con tanto insistir en la generosidad y el desinterés de la ayuda prestada, no sabemos si lo que entregaron fue una factura sólo informativa, como esa ‘factura en la sombra’ que algunas Comunidades quieren dar a los pacientes para que sepan lo que cuesta la atención sanitaria. Pero todos sabemos que, en el caso de los libios, acabarán pagándola.