Trabajar cansa

Tranquilos, no se acaba el mundo

 

Si como repiten desde hace meses, lo que hace falta es devolver la calma a los nerviosos mercados, ayer los gobernantes europeos se emplearon a fondo en lanzar mensajes tranquilizadores.

Sólo les faltó decir que a lo mejor se acaba el mundo hoy a las 11:11 del 11 del 11 del 2011, porque todo lo demás fue como para empezar a construir un búnker en el trastero: entre previsiones económicas, declaraciones oficiales y rumores consentidos, supimos ayer que Italia está al borde del abismo, la zona euro se resquebraja, Alemania y Francia están pensando soltar lastre y volar solos, los asesores de Merkel estudian la vía para que algunos salgan del euro, el crecimiento económico se frenará, varios países entrarán en recesión, no se reducirá el desempleo en al menos un par de años, y Europa se enfrenta a una década perdida. Para rematar, el presidente del Círculo de Empresarios aseguró que en España estamos en "economía de guerra".

No sé si los mercados estarán muy tranquilos con estos mensajes, pero los ciudadanos (cuya inquietud no preocupa tanto como la de los mercados) no salimos de debajo de la cama por si en cualquier momento se cae el cielo sobre nuestras cabezas. Como estará de fea la cosa que el PSOE ni siquiera presume en campaña del único "éxito" que podría anotarse: el hecho de que la tormenta continental haya pasado de largo sobre España y haya seguido camino a Italia, saltando un escalón en la lista de fichas a tumbar (Grecia, Irlanda, Portugal, España, Italia, Bélgica…). Pero claro, con la prima de riesgo tocando máximos ayer también en España, mejor no mentar la bicha, no sea que se dé cuenta y vuelva para comernos.

La sensación que nos llega estos días es de descomposición total, de final propio de película catastrófica, las cornisas cayéndose a trozos y las aceras levantándose bajo nuestros pies, como un volcán que crece bajo el suelo y en cualquier momento va a engullirnos. No sé cuánto hay de cierto en esa imagen, pero es la que intentan transmitirnos. Supongo que esperan que salgamos a la calle y les supliquemos para que nos salven.