Trabajar cansa

Inmolarse para nada

 

Parece claro cómo quiere pasar a la historia el aún presidente Zapatero: como el gobernante inmolado, el que se sacrificó en el altar de la crisis. Más que como el presidente que acabó con ETA o amplió derechos civiles, quiere ser recordado como ese héroe que en las pelis de acción se queda a defender el desfiladero y pide a los demás que sigan sin él: "poneos a salvo, yo me quedo".

Ayer continuó en esa línea argumental: dijo que el resultado electoral es "consecuencia de la grave crisis económica", y repitió una idea que le hemos oído muchas veces desde mayo de 2010: cuando los mercados se volvieron contra nosotros, él decidió poner los intereses generales por encima de los intereses de partido. Es decir, que se sacrificó, al precio de una debacle electoral que sería el "me cueste lo que me cueste".

Como argumento, tiene su atractivo: así vista, la derrota tendría un componente heroico. Y sobre todo, con ella se pagaría el precio de una sola vez, y ya saldada la cuenta el PSOE podría recuperarse. Pero el relato no es muy verosímil.

De entrada, el gesto heroico, si lo hubo, tuvo poco éxito: los malos cruzaron el desfiladero y nos dieron alcance poco después. Basta ver el balance del último año y medio, desde aquella noche de mayo en que nos dijo: "poneos a salvo, yo me quedo". El paro siguió subiendo, el acoso a la deuda no aflojó, y para colmo nos cayeron recortes, una reforma laboral, otra de pensiones y una mayoría absolutísima del PP. Cabe pensar que no sólo defendió mal el desfiladero, sino que además le chivó a los malos por dónde habíamos escapado, y hasta les dejó su caballo para que nos cogieran antes.

De ahí que en estas tristes horas nadie le agradezca su sacrificio. Porque puestos a ser valientes, muchos habríamos preferido otro tipo de heroicidades: que hubiese dado la batalla, que hubiese tenido la audacia de intentar otra política económica. Y si no se veía capaz, si se sentía solo o acorralado, que nos hubiese dicho la verdad: esto es lo que hay, ustedes verán si quieren que intentemos otra cosa. Pero no. Se inmoló, y para nada.