Amaiur tendrá que estar de pie

 

Según he sabido de buena fuente, la negativa a que Amaiur tenga grupo parlamentario propio no es el único castigo que el PP tiene pensado para sus diputados. En el pleno de investidura del lunes se encontrarán dos sorpresas al llegar a sus escaños: que no tienen sillón, por lo que se verán obligados a seguir las sesiones de pie durante toda la legislatura; y que los han separado, obligados a sentarse cada uno en una fila diferente y alejada, para que no puedan hablar entre ellos. Se baraja la posibilidad de colocarlos mirando a la pared, pero este extremo no está todavía decidido.

Por supuesto, todo ello apoyado en el reglamento de la Cámara, con un informe de los servicios jurídicos, y en último término decidido por la Mesa del Congreso, “de acuerdo con el amplio margen de interpretación de la legalidad parlamentaria reconocida por la propia jurisprudencia constitucional”, como sostiene el riguroso informe que los diputados populares usarán para ordenar la retirada de los sillones.

Sí, es verdad que llevamos años pidiendo a la izquierda abertzale que opte por las vías democráticas, y diciéndoles que cuando rechazasen la violencia y desapareciese ETA podrían defender lo que quisieran desde las instituciones. Pero sin pasarse, eh, que para defender lo suyo no necesitan estar sentados, como no necesitan grupo propio por mucho que haya precedentes similares que les hagan merecedores de tenerlo.

En una posterior interpretación del reglamento, y previo informe de los servicios jurídicos, tal vez se prohíba la entrada al Congreso a quienes den muestras públicas de victimismo. Sería la manera de evitar eso que tanto preocupa a algunos demócratas: que la exclusión antidemocrática de quienes llegan avalados por más de 300.000 votos (y que no han cometido ningún delito, que sepamos) acabe por presentarlos como víctimas ante los suyos, y aumente su respaldo electoral.

Si creían que por ponerse corbata y saludar con educación al rey ya estaban admitidos en el club de la democracia, se equivocan. Y no se apoyen en el escaño, que de pie quiere decir de pie.