Trabajar cansa

Fiesta en el cuarto de al lado

 

Las penas siempre son más cuando en la habitación de al lado los demás están de fiesta, cuando tu amargura se ve acompañada del fondo de música y risas de quienes lo pasan bien. Si encima los que toman copas y cuentan chistes son de tu propia familia, indiferentes a tu dolor, para qué quieres más.

Es lo que le pasa estos días a Francisco Camps: los calendarios judicial y político han tenido el capricho de solaparse, de modo que a la misma hora en que el expresident valenciano sufre el calvario del humillante juicio, en la habitación de al lado sus hermanos políticos se corren la gran juerga de la investidura, se reparten el poder recién conquistado y toman posesión de sus cargos.

Mientras el trajeado expresident es desnudado día tras día por testigos, facturas y grabaciones, los suyos no encuentran el momento para acompañarle a la puerta del tribunal, no sea que suene el teléfono y por no estar en casa para cogerlo se queden sin ministerio. La soledad de Camps se agranda con la felicidad de los suyos a su espalda. La fiesta y el calvario se sincronizan, para mayor crueldad: a la misma hora en que un empleado de sastrería nos cuenta los caprichos textiles del imputado, Rajoy lee su discurso de investidura. En el mismo minuto en que nuevas revelaciones empequeñecen al ex Molt Honorable en su banquillo, sus compañeros de partido se parten las manos de aplaudir al proclamado presidente. Y en los escaños y la tribuna de autoridades están todos menos tú, Paco.

Ayer, entre tanta valoración hiperbólica de la nueva era Rajoy, pasó casi desapercibida la que hizo el propio Camps a la entrada del tribunal: "Es magnífico, me ha gustado mucho y estoy súper feliz porque comienza una nueva etapa", dijo sobre el discurso de investidura. Eso sí: confesó que lo había visto por la noche, grabado, pues a la hora en que su líder prometía un nuevo amanecer él estaba en el tribunal, siguiendo la clase de corte y confección por la que supimos de su gusto por las solapas anchas, pantalones con volumen y 80,5 centímetros desde el hombro al bajo de la chaqueta. Qué dolor.