Rajoy no habla, está ocupado

 

Se sorprenden algunos del silencio de Rajoy, que desde que es presidente sólo ha abierto la boca en público para leer de corrido la lista de ministros. Ayer se nos pidió que esperemos sentados, pues no tiene intención de pisar las Cortes antes del 30 de enero, y ya se sabe lo poco que le gustan las ruedas de prensa.

Habrá quien piense en un precocísimo ‘síndrome de la Moncloa’, que le mantendría encerrado en su palacio y ajeno al mundo nada más llegar; y otros pensarán en una afonía causada por hablar demasiado, tras esos primeros días en que se nos decía que estaba al teléfono permanentemente, lo mismo con Merkel que con banqueros, colgaba a Obama y ya le estaba entrando por la otra línea la llamada del BCE.

Yo, que me voy contagiando de la confianza que desde su victoria recorre el país, no estoy preocupado. Estoy seguro de que si no da la cara es porque está muy ocupado, metido en su laboratorio para ultimar la fórmula milagrosa cuyo anuncio todos esperamos de un momento a otro. A ver si se piensan ustedes que un milagro se cocina en dos tardes.

Porque sí, tiene que haber fórmula mágica, ya que de otro modo no nos salen las cuentas. No lo digo yo, que soy un indocumentado: cada vez más voces entendidas ponen en cuestión, no ya que sea posible recuperar la economía o empezar a crear empleo, que son guerras perdidas; siquiera cumplir con el compromiso de déficit, que es lo único que tienen en la cabeza los ministros. Si uno pone todas las piezas del puzzle: el recorte de gasto, el parón económico, la caída del consumo, los vencimientos de deuda y la situación de la banca, el resultado es un castillo de naipes demasiado inestable, que se vendrá abajo a poco que le den un soplidito a la prima.

Por eso tengo confianza en que Rajoy no sólo tiene una fórmula secreta y prodigiosa, sino también un plan B por si acaso se le cae el castillo. Si después de todo, y sin crecer y con más paro, tampoco reducimos el déficit, ¿qué viene después? El plan B. Pero no esperemos conocerlo pronto, pues ni siquiera nos han contado el plan A, que van desvelando por entregas.