¡Arbitro, la hora!

 

Hoy vence el plazo que Rajoy dio a sindicatos y empresarios para que acordasen la nueva reforma laboral, y todo apunta a que las partes pedirán una prórroga, unos días más para rematar los detalles. Pero con lo que vamos sabiendo, tal vez los trabajadores deberíamos pedir la hora para que el árbitro pite el final sin añadir un minuto más, como hacen los futbolistas agotados para evitar que les metan más goles en el descuento.

Lo que sabemos hasta ahora de las negociaciones indica que se están produciendo cesiones, pero sólo por una de las partes. ¿Adivinan cuál? En efecto. Hemos oído a portavoces sindicales mostrarse dispuestos a avanzar en asuntos que hasta ahora rechazaban, como la moderación salarial o la extensión del tiempo parcial, pero ¿han oído a algún portavoz patronal dispuesto a hacer una concesión, por pequeña que sea?

Por lo visto los sindicatos aceptarían que los trabajadores perdamos poder adquisitivo los próximos dos años, subiendo los salarios por debajo del IPC. También han hablado de convertir el empleo a tiempo completo en tiempo parcial, siempre que el trabajador esté conforme (y ya saben lo que cuenta la opinión del empleado en muchas empresas), y facilitar a los empresarios el descuelgue del convenio, siendo más flexibles (ya salió la palabreja). Frente a las cesiones sindicales, la patronal no afloja: pide congelación salarial en vez de moderación, y un contrato de crisis con despido barato.

Lo de siempre: otra negociación con árbitro y agenda parciales, y a la que acuden los empresarios con su programa de máximos, mientras los sindicatos juegan a reducir daños. Si ya pasaba en los años de vacas gordas, qué íbamos a esperar en un año apocalíptico. Por eso deberíamos pedir la hora, antes de que nos metan más goles.

Y eso que esta vez los empresarios no aprietan mucho, confiados en que detrás vendrá el gobierno con el BOE para completar lo que no entre en el acuerdo. Para qué se van a cansar discutiendo, si el árbitro es casero y ya dijo que legislaría lo que hiciera falta. Por si acaso, griten conmigo: “¡Árbitro, la hora!”