Doctores tiene el gobierno

 

Con la llegada del nuevo gobierno han tomado nuevos bríos las metáforas médicas que surgieron en los primeros momentos de la crisis, y que últimamente estaban de capa caída tras tanto abusar de ellas. Recuerden cómo durante mucho tiempo la economía estaba enferma, había riesgos de contagio en Europa, se necesitaban estímulos e inyecciones de dinero, se recetaban medidas, etc.

En los últimos días hemos vuelto a oír mucha jerga hospitalaria en boca de los gobernantes: Montoro dijo que había que “taponar la hemorragia del déficit” y “adelgazar” el sector público; Luis de Guindos habló de bancos que sufren de “indigestión” por sus activos inmobiliarios; varios portavoces se refirieron a la “sangría del paro” al conocerse las cifras del desempleo del último año, y nos advirtieron de las inevitables medidas “dolorosas”.

Alguno se desató en el lirismo paramédico, como el presidente de La Rioja, Pedro Sanz: “Este país está enfermo y precisa una terapia que incluye una medicina que posiblemente va a resultar un poco amarga, incluso dolorosa, pero al final nos llevará a la curación”. Es decir: te va a doler, pero es por tu bien.

Sobra decir quién es el médico que nos aplicará la terapia, nos administrará la medicina amarga y nos hará adelgazar para que recuperemos la buena salud: Rajoy, presentado como un cirujano de hierro al que no le temblará el pulso cuando empuñe el bisturí, sin miedo a que el paciente se le quede en la mesa de operaciones, urgido por la gravedad de las heridas y sintiéndose autorizado por el consentimiento informado que los electores le dieron el 20-N.

Es cierto que el consentimiento que algunos firmaron en las urnas no decía cómo de amarga sería la medicina, ni que para adelgazar tuviéramos que pasar tanta hambre, ni hasta dónde amputarían para frenar la hemorragia, si unos cuantos dedos como ya han hecho, o un brazo entero. Por eso deberíamos levantarnos de la camilla antes de que nos abra en canal, que eso que tiene en la mano no es un bisturí sino una sierra eléctrica, y sospechamos que el cirujano es en realidad un matasanos.