Corrupción a chorros

 

Algún día habrá que agradecer a Camps y Matas el servicio que están prestando a la cohesión social. Sus respectivos juicios, humillantes y retransmitidos en directo, tienen una función catártica, nos facilitan un chivo expiatorio (a la manera que lo fue Madoff para la mafia financiera) y hasta nos generan una ilusión de justicia.

Da igual que lo que se juzga en ambos casos (un cohechito de Camps, unos discursos bienpagaos de Matas) sea una mínima parte en la corrupción de años; lo importante es que viéndolos en el banquillo, oyendo sus repugnantes confidencias telefónicas y los interrogatorios, damos salida a la rabia y el asco que sentimos al sabernos estafados.

Si el dinero público se asimila al agua que circula por las tuberías, los casos de corrupción serían las pérdidas de líquido que se producen a lo largo de la red. Los juzgados estos días son apenas una gotera, pues sabemos que ha habido fugas masivas en otros puntos por los que el agua común se escapaba a chorros.

Así vivimos durante muchos años, sin importarnos demasiado las pérdidas, pues mientras al abrir el grifo siguiese saliendo agua no había de qué preocuparse, se aceptaba la corrupción como se acepta que en las canalizaciones de agua (las de verdad) se pierdan miles de litros a diario por su mal estado. Pero claro, llegó la sequía y ahora, cuando al abrir el grifo sale un hilillo fino, es cuando nos acordamos de las goteras, fugas y cataratas de dinero público que se escaparon.

Probablemente nunca veamos en el banquillo a los responsables de tanta corrupción, a los que ponían el cubo. Y no me refiero solo a Gürtel, las subvenciones para coca en Andalucía, Urdangarin y demás. Hay otras corrupciones que tal vez no tengan tipificación penal, pero son también corrupción y han secado más el suministro. Por ejemplo, en Valencia, el verdadero delito es que se hayan fundido miles de millones en terramíticas, ciudades de las artes, fórmula 1, aeropuertos fantasmas y torres cobradas sin poner un ladrillo, y ahora haya que hacer una colecta para que investiguen la diabetes de tu hija. Qué asco.