Hoy toca hablar bien de Fraga

 

De los muertos sólo se puede hablar bien, así que nadie espere que vaya a ajustarle aquí ninguna cuenta pendiente a Manuel Fraga. Es día de elogios, que la muerte nos hace a todos buenos. Si encima el que se muere es tu padre, razón de más. Porque no sé si lo saben, pero Fraga era como un padre para todos nosotros, a la vista de todas las paternidades que le atribuyeron ayer obituarios y dolientes: padre de la Constitución, de la derecha democrática, del centro-derecha, de la Galicia moderna, y hasta padre de la democracia dijo alguno.

Lo de hablar obligatoriamente bien de los difuntos lo sabía bien el propio Fraga, que al morir Franco dijo que era un gran hombre y uno de los mayores gobernantes de nuestra historia, pero lo hizo sólo por educación, que él en realidad era antifranquista.

Por eso hoy no toca sacar viejos trapos sucios. No pienso decir hoy nada de su pasado franquista, que además no fue para tanto: ministro de propaganda, con funciones de portavoz y encargado de cuidar la imagen del régimen dentro y fuera de España. Vamos, el equivalente a un florero.

Que no, que no insistan, que no pienso hablar de la forma miserable en que justificó el asesinato de Grimau, ni de la campaña sucia con que intentó presentar a Enrique Ruano como un desequilibrado suicida. Tampoco esperen de mí una sola palabra sobre su responsabilidad en la matanza de Vitoria y otros episodios sangrientos de la Transición.

Nada diré sobre sus posiciones de derecha dura en asuntos políticos y sociales, ni cómo se opuso a más libertades durante la Transición; ni que fue un lastre en la elaboración de la Constitución, que sin fardos como el suyo tal vez hubiese volado más alto. Por no hablar, no hablaré ni de su particular aportación al catálogo de ruinosos proyectos faraónicos, la Cidade da Cultura.

Insisto: hoy es día de elogios, toca hablar bien del gran hombre. Y eso pienso hacer. Vaya, se me acabó la columna y no me queda espacio para todas las cosas bonitas que pensaba escribir. No pasa nada, acudan a otros periódicos y lean lo que dicen de él. Lo ponen hasta guapo.