A la tercera va la ruina

 

A la tercera va la vencida, repiten los promotores de la candidatura de Madrid para los Juegos de 2020. Tras no conseguirlo para 2012 ni 2016, el refranero no puede confundirse: a la tercera va la vencida, repiten alcaldesa, gobierno regional y central, dirigentes deportivos y empresarios, todos unidos.

No sabemos si como argumento convencerá al COI. A mí no me convence, y como yo cada vez más vecinos. Pero es que además el resto de argumentos con que defienden la candidatura parecen igual de sólidos que la infalible ley de “a la tercera va la vencida”.

Por un lado, llevan meses insistiendo en que serán los “Juegos de la austeridad”. Ya la propia expresión es un oxímoron de los gordos, conocida la tradición de sobriedad de estos eventos. Pero además, dicho desde una capital que tiene una deuda, esta sí, olímpica, tiene más gracia todavía.

Para empezar, tras haber gastado más de 22 millones de dinero público en la candidatura de 2016, el ayuntamiento dijo hace unos meses que esta vez intentarían que todo el dinero lo aportasen los apoyos privados. Fue decir eso y aprobar unos presupuestos para 2012 que incluían una partida de 7 millones para la candidatura. Y esto no ha hecho más que empezar.

Porque esa es la segunda parte de la broma: que los Juegos se pagarán con dinero privado. Dicho en Madrid, ya sabemos lo que significa: que si hay beneficios se los quedan los inversores, y si hay pérdidas (y en todos los Juegos ha habido) nos las comemos todos. Así se privatiza en Madrid.

Un tercer argumento ‘austero’ es el de que “las instalaciones están ya construidas en un 80%”. ¿De verdad? Teniendo en cuenta que no tenemos estadio olímpico, ni villa olímpica, ni pabellones en las subsedes, ni más que un esqueleto de hormigón en el centro acuático, ¿cuál es el 80% construido? Claro que a lo mejor ese 80% que calculan es como ese otro 80% del que tanto hablan: el del apoyo popular, según sus encuestas.

Estaría bien que el nuevo estadio conservase el nombre del fallido que ahora demolerán: la Peineta. Por la ídem que nos vuelve a hacer el ayuntamiento a los ciudadanos.