Traducción inversa

Camps forever (young)

El martes pasado, mientras la gota fría  golpeaba con furia algunas partes de su amado reino y mientras las portadas de los periódicos, las tertulias radiofónicas y los informativos de todas las televisiones (excepto Canal 9) explicaban pormenorizadamente los turbios negocios que la red Gürtel tejió en Valencia, Francisco Camps se subió a la tribuna del parlamento valenciano para explicar que la vida en general es maravillosa y en particular es sencillamente perfecta.

  Confesaré tener un cargo de conciencia al respecto: si no sigo hablando de este hombre y de su Wonderland de plastilina va a parecer que escurro el bulto. Sin embargo, ¿qué se puede añadir que incremente algo más la vergüenza ajena ante la inenarrable aventura del presidente que ha convertido su cargo en un infamante hazmerreír universal? Sólo cabría esperar que la justicia actuase de una vez, pero el Tribunal Supremo se va a tomar su tiempo (tranquilos, que no corre ninguna prisa) y presumo que las revelaciones que vayan precipitándose sobre las siempre sedientas rotativas serán recibidas en el Palau de la Generalitat con un mueca de indiferencia.

  Hay políticos que dimiten, por supuesto. Hay políticos honrados, por supuesto. Hay políticos que tienen un concepto de la decencia que puede compartir todo el mundo. Camps no es uno de esos políticos. Él se aferrará al cargo con el convencimiento de que, cuanto más acusada sea la cara de Lucky Luciano que se le ponga, más le votarán. Ya supera el 50% de los votos. ¿Qué más hay que pergeñar para llegar al 60%? ¿Y al 90%?

  Rien ne va plus, me temo. Forever Young: pues eso, que no decaiga.