Traducción inversa

Aragón y su tierra retirada

  Cuando parece que las letras hispánicas se normalizan y la llamada "literatura del yo" ocupa el lugar preferente  característico de las grandes literaturas mundiales, es oportuno echar un vistazo a un librito que acaba de publicar Minúscula en su deliciosa colección "Paisajes narrados". Se trata de La tierra retirada, de Mercè Ibarz. El original en catalán es del año 1993. Desde su publicación en este idioma, el interés por el volumen no ha dejado de crecer, quizá porque se ocupa, con un estilo contenido y eficaz, de una tierra de frontera que no parece pertenecer a nadie y donde  es propia una lengua de nadie.

  Ibarz es de Saidí, un pueblecito situado en esa franja oriental de Aragón donde se habla catalán. La "tierra retirada" se refiere a esos campos que los campesinos del lugar han dejado sin trabajar para poder acceder a las subvenciones gubernamentales. Toda una metáfora de unas comarcas tan olvidadas como bellísimas desde el punto de vista paisajístico. Ibarz reelabora literariamente aquello que la vincula todavía –que nos vincula a todos- a generaciones de servidores de la tierra. Conmueven en especial sus referencias a las agridulces tareas reservadas a las mujeres: "hacer conserva, aplastar las uvas, descascarar almendras, separar aceitunas, desgranar el maíz".

  Ahora que se tramita la llamada "Ley de lenguas" en Aragón, habría que pedir a sus responsables que fueran generosos con los otros idiomas del país, especialmente con el catalán, que debe ser considerado, a todos los efectos, cooficial. El Aragón catalanoparlante tiene que dejar de ser por fin una tierra retirada.