Traducción inversa

El río de la corrupción

Entre 2007 y 2008, investigadores del CSIC tomaron muestras de diversos puntos de la cuenca del Ebro como parte de un proyecto que buscaba trazar un mapa de los puntos de tráfico y consumo de droga en España. Se trataba de localizar, a partir del análisis del agua, las mayores concentraciones de restos de estupefacientes. El resultado del análisis determinó que en todo el Ebro había una carga de 620 kilos de cocaína y 420 de otras sustancias similares. La droga, que llega al río por la orina, se acumula en los peces y otros organismos acuáticos y hay que pensar que, cuando consumimos estos animales, vuelve a nosotros, cerrando el círculo. Todos nos convertimos, así, un poco en toxicómanos.

  Es curioso, pero el mecanismo de la corrupción parece observar patrones similares. En algún municipio de España, un alcalde o un regidor corrompido acuerda con un constructor corruptor recalificar un terreno para repartirse los beneficios. Previamente, el munícipe ha maniobrado en el Plan General de la población para que el terreno, que era de uso escolar, pase a ser suelo urbanizable. El constructor paga al edil con una maleta llena de bin ladens. El político corrompido utiliza luego ese dinero para comprar un chalet y busca entonces al mejor arquitecto. El arquitecto, que es un hombre bastante honrado (dentro de lo que cabe), cobra sus honorarios y, como es su cumpleaños, le regala un broche a su novia. Cuando rompen, ésta vende la joya y da el dinero a una ONG, que resulta ser una tapadera del alcalde corrupto. Y es así, ni más ni menos, como fluye el río de la corrupción, que es como decir el río de la vida.