Traducción inversa

Diez años

Supongo que ustedes, igual que yo, habrán escuchado esas sabias voces de los grandes gurús de la economía que estos días nos han asegurado, con una coincidencia extremadamente contundente, que el paro generado en España entre 2008 y 2009 no se reabsorberá hasta dentro de diez años. Así es, amigos: imaginen los sentimientos que embargarán ahora mismo a cualquiera de los cuatro millones de parados que asisten a las elucubraciones de estos expertos con el corazón en un puño.

  Esa realidad tan dolorosa, sin embargo, no puede ocultar lo que ocurrió en otra década, mucho más prodigiosa a estos efectos. Me refiero al auge monetario de los años 1997-2007. En ese tiempo, la economía española –al alimón con las principales economías occidentales- vivió un esplendor considerable, lo que se tradujo, en términos de fuerzas laborales, en una situación equivalente al pleno empleo. Todos sabemos, sin embargo, que el oro de esa década era un poco falso: aunque distribuyó trabajo por doquier, estaba incubando –por la avaricia bancaria- la gran crisis de 2008, con su burbuja inmobiliaria y la larga red de especulaciones conexas.

  Diez años magníficos, diez años pésimos. ¿Cuál es el problema? Pues que me da la sensación de que los que deberían sacar conclusiones inteligentes de esta distribución bipolar no lo van a hacer. Hay mucha gente que va a pasarlo mal mientras los bancos se recuperan y, muy tranquilamente, preparan las burbujas subsiguientes que nos van a llevar a la próxima crisis. Como un héroe griego, el trabajador de hoy es impotente ante estas fuerzas oscuras que disponen de su vida. De década en década.