Traducción inversa

Las vergüenzas de dos teles públicas

Cuando un médico comete, por ejemplo, un error quirúrgico, los tribunales toman la palabra. Cuando un abogado se aprovecha de la buena fe de un cliente, hay consecuencias penales. Incluso cuando un escritor plagia, aunque asegure que sólo está "homenajeando", se le endosa la condena correspondiente. ¿Qué podemos hacer, sin embargo, con esos paniaguados de TeleMadrid o Canal 9 que conculcan cada día cualquier clase de deontología profesional? Se llaman periodistas pero, ¿cómo evitar que se homologuen a aquellos de sus colegas que son decentes y se ven marginados sólo porque no se han vendido por un plato de lentejas?

  Saco el caso de estos dos canales de televisión porque se han constituido en el ejemplo más palmario de manipulación informativa desde 1975, excluyendo, por supuesto, a la TVE de Alfredo Urdaci. ¿Qué armas tiene la profesión y la sociedad democrática contra esos tipos que, en cada telediario, aumentan la bola de la mentira hasta constituir un alud absolutamente imparable? Creo que va siendo urgente que se constituya un Consejo del Audiovisual o algún organismo semejante donde se contemplen sanciones y revocaciones del título de periodista a los que están participando en este aquelarre desinformativo.

  Seguir tolerando la situación con los brazos cruzados –ya que la vía judicial parece complicada- significa hacer convivir a los buenos periodistas –que son la mayoría- con los culos agradecidos a Esperanza Aguirre o Francisco Camps, y eso es tremendamente injusto.

  En todas las profesiones hay manzanas podridas. En el periodismo se detectan por sus desmesuradas genuflexiones.