Traducción inversa

Socializar el sufrimiento

  Recuerdo esa expresión, sacada de algún Zutabe manoseado o de cualquier otro instrumento de propaganda de ETA. Para esos desalmados, "Socializar el sufrimiento" equivalía a extender el terror dentro y fuera de Euskadi y provocar destrozos irreparables en vidas y haciendas. Nunca el término "socialismo", desde los tiempos de las viejas "democracias populares", había sido usado con tanta desvergüenza conceptual, con un abuso tan manifiesto de su semántica básica.

  Y bien, hemos llegado a un punto en que cualquier experto que se precie no se acerca al plató de una televisión, a un estudio de radio o a la tribuna de un periódico sin tener preparado un discurso apocalíptico de andar por casa, para insuflar un poco de optimismo al personal. Santiago Niño Becerra, por ejemplo. El catedrático de la Universidad Ramón Llull es autor del libro El crash del 2010, donde explica que lo peor de la crisis económica comienza precisamente ahora. Lo peor: más restricciones crediticias, más deuda pública, más paro y menos consumo.

  Incluso suponiendo que estos profetas de la catástrofe tengan razón (lo cual está por ver), la pregunta es: ¿Y quién tiene que soportar las consecuencias? ¿Debe pagar igual un pensionista que un directivo de banca? Ahora que hasta John Cobra Aznar –protagonista de un delicioso retour d’âge- ha aprendido a levantar el dedo corazón ante los que le afean las ideas, deberíamos ser capaces de replicar, a los que nos quieren condenar a un sufrimiento selectivamente socializado, que la crisis tiene unos causantes muy claros. Si hay que sufrir, que comiencen ellos. Luego ya vamos dando la vez.