Traducción inversa

Tertulia, que algo queda

  De un tiempo a esta parte, se han puesto de moda las tertulias. Las tertulias ultraderechistas, más concretamente. Son fáciles de identificar: suelen reunir a individuos de la misma cuerda ideológica, con algún florero progresista en medio para quedar bien (y esto sólo en el mejor de los casos). Se han adueñado de las ondas indistintamente en las televisiones públicas y en las privadas (quizá porque sus actuales gestores nunca acabaron de entender la diferencia entre una y otra titularidad). Da igual Telemadrid o Canal 9, Veo 7 o Intereconomía: una turba de tipos vociferantes, clamando contra el mundo, el demonio y la carne, amenizarán la tarde o la noche, si el telespectador tiene el temple suficiente para paralizar el dedo sobre el mando.

  Ingresamos en la democracia representándola en la pequeña pantalla por una tertulia civilizada y honesta, cuyo nombre muchos recordamos con afecto: La clave. El secreto de este debate inaugural consistía en invitar a portavoces de todas las ideas, incluyendo las contrarias al sistema de libertades. Ahora lo que se lleva es reunir a mastines muy fieros dispuestos a sostener al unísono que Zapatero mató a Kennedy, mientras sms carnívoros vomitan odio y piden su cabeza en una bandeja.

  Debe ser triste ser de derechas en un país como este si uno también es intelectualmente decente y mentalmente equilibrado. Cualquier extranjero, contemplando esos programas, creería sin duda que estamos al borde de una guerra civil. No es el caso, claro: sólo es  el sector histérico de esta sociedad, ensayando un escenario de poder absoluto. Ellos, los "liberales".