Traducción inversa

Mercadona como ejemplo

La crisis ha hecho emerger un perfil empresarial nada halagüeño. Algunos tipos, que se forraron y bien cuando las vacas usaban tallas grandes, ahora ensayan su tono más pedigüeño y se quejan de lo mucho que les cuestan los salarios, y las cuotas sociales, y el IVA y el sursum corda. Entre tanta voz falsamente lastimera, es reconfortante saber que aún existen empresarios que creen en lo que hacen –que saben lo que hacen- y que no se sientan en el rellano a ver pasar el cadáver de su empresa para echarle la culpa al gobierno del deceso. Uno de  ellos es Juan Roig, el propietario de la cadena valenciana de supermercados Mercadona.

  Roig compareció el otro día ante los medios para explicar que su grupo ganó en 2009 un 16% menos que en 2008, pero que aún así la cifra positiva final fue de 270 millones de euros. En plena crisis, Mercadona abrió 74 tiendas nuevas en toda España (aunque cerró 20) y empleó a 500 trabajadores más, todos con contrato fijo. Además, repartió entre sus 62.000 empleados 200 millones de euros en primas de productividad (el equivalente a dos pagas mensuales para los asalariados más antiguos).

  En lugar de quejarse del tiempo (obviamente muy malo), este hombre ha dado una lección para el que quiera entenderla. Es evidente que se trata de un patrón atípico, puesto que abomina de las subvenciones estatales (él cree "de verdad" en la libre empresa, dice) y, en época de parálisis económica, no está dispuesto a hacer pagar el pato a los trabajadores. Llámenlo excéntrico, si quieren. Yo lo definiría como un empresario consecuente. Con más como él la salida de la crisis estaría chupada.