Traducción inversa

A Aguirre le sobra España

Ella, la lideresa, condesa consorte, ex ministra, ex presidenta del Senado, ex mosquita muerta, amiga de Saramago (junto o por separado), ambiciosa sin límites, enemiga de hijoputas y otros obstáculos internos en el camino. Ella, Esperanza Aguirre, va a  seguir dando qué hablar (mucho más). La "rebelión fiscal" es simplemente un pequeño detalle. Es curioso cómo a esta señora le gusta calcar las novedades que llegan de América (pero sólo la del Norte). Al fin y al cabo, su levantamiento contra los impuestos y contra las leyes del Estado se parece mucho a la tirria que experimenta el movimiento ultraconservador estadounidense conocido como Tea Party ante las obligaciones públicas. Los amigos del Té no soportan al gobierno federal porque no creen en las prestaciones sociales comunitarias. Al mismo tiempo, experimentan cierto sudor frío ideológico ante el color de la piel de Obama. A su discípula Aguirre sólo le falta, en ese sentido, acusar a Zapatero de ser negro. Todo se andará.

  Ya hace tiempo que Esperancita está convencida de que Madrid no tiene nada que envidiar, por ejemplo, a la Catalunya nacionalista. Si para conquistar la Moncloa hay que crear la Nación Madrileña, pues nadie más chulo. Tenemos así un simpático "nacionalismo" sin nación.  En esto Aguirre ya va tomando lecciones de Francisco Camps. Y eso que la Valencia del PP es por antonomasia –de eso se encargan en comandita Camps y Barberá, con permiso de Milano y Vuitton, respectivamente- un buen trasunto de Madrid: su playa, su espíritu, su sostén y su espejo cóncavo.

  Pero si Madrid se rebela, le sobra España.  Ustedes mismos.