Traducción inversa

Cañizares 'forever'

      Tengo un amigo que es fan del cardenal Antonio Cañizares. Sigue sus declaraciones, analiza sus frases, se estudia sus enrevesados razonamientos. El otro día, ante un café, exhibió, con una sonrisa de triunfo, la exégesis definitiva. "Fíjate lo que asegura en sus ruedas de prensa. Ha declarado que la pederastia no es un pecado tan grave como el aborto. Y más tarde ha añadido que algunos quieren hablar de "eso" para no hablar de Dios". A mi amigo le brillaban los ojos. "Bueno" -contesté yo, dispuesto a representar un digno papel de abogado del diablo-, "supongo que tendrá sus motivos teologales para decir esas cosas. Motivos que las demás personas, pobres criaturas mortales, ni siquiera alcanzamos a comprender".

  Mi colega hizo un gesto de desprecio con la mano. "No digas tonterías", sancionó. "Cañizares es mucho más sibilino. De hecho, creo haber entendido la razón suprema de por qué el aborto es peor que la pederastia. Se trata de una muy simple: si no nacen niños, los curas no pueden abusar de ellos cuando crezcan. Es un problema estricto de materia prima, muchacho".

  Fijé mi mirada en la suya de hito en hito. "¿Estás hablando en serio?", mascullé al fin. Mi amigó se regocijó al tiempo que apuraba un último sorbo de café. "Por supuesto". "Al fin y al cabo –añadió-, ¿por qué una crudeza verbal en mi boca debería ser punible y en la del excelentísimo Prefecto de la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y Administrador Apostólico de la Archidiócesis de Toledo merece tumefactas genuflexiones morales?".

  Pues tienes más razón que un santo, amigo.