Traducción inversa

Guerra entre hermanos

Una de las consecuencias más llamativas del "desacomplejamiento" de la derecha española en los últimos tiempos es la nueva lectura de la guerra civil. Desde finales del franquismo, cuando llegan a España los libros de una brillante pléyade de hispanistas mayoritariamente británicos (con Hugh Thomas a la cabeza), parece claro que las interpretaciones de los historiadores oficiales del régimen (Ricardo de la Cierva, por ejemplo) estaban destinadas al museo de los horrores más o menos amenos, pero siempre risibles. En los tiempos actuales, sin embargo, tipos como Pío Moa han proporcionado a "liberales" de mucho tronío (de la estirpe de Esperanza Aguirre) coartadas intelectuales perfectas para revivir el espíritu de la cruzada en la era de internet.

  Ahora resulta, según estos nuevos exégetas de la historia inmediata, que la guerra la provocó no el alzamiento de Franco sino una izquierda turbulenta, filosoviética, asesina y fea. Como los niños atacados por los curas pederastas, también aquellos militantes y sindicalistas andaban provocando a los honrados latifundistas, católicos de pro y grandes de España con demandas tan incendiarias como el reparto justo de la tierra o el derecho al divorcio.

  Ante tanto despropósito izquierdista, es lógico que algunos militares no tuvieran más remedio que sublevarse. Eran fascistas, vale, pero lo importante es que  en el otro bando también se mató a inocentes. En el manual del perfecto derechista de hoy, pues, está todo justificado. ¿Genocidio? Nada, hombre, tuvimos que dar algunas bofetadas. "Guerra entre hermanos", ya te digo.