Lo que empezó con Reagan

Se puede indagar perfectamente el origen de la actual situación de crisis económica. Ese origen –ese pecado primigenio- tiene el rostro de un abuelete muy conocido, de un viejo actor que, cuando ya no sirvió para ganarse la vida en películas de serie B, encabezó, en los años 80 del siglo pasado, la llamada “revolución conservadora”. El tipo en cuestión es Ronald Reagan. Una de las primeras medidas económicas de su gobierno fue la desregulación del sistema financiero en su país. Esos son los polvos que luego trajeron los lodos que ya conocemos, en forma de hipotecas basura y la larga lista de problemas bancarios, exportados por los Estados Unidos a todo el mundo, que cimentaron la zozobra del presente.

  Esa historia es muy ilustrativa: nadie debería ignorarla. A los que no sean aficionados a leer voluminosos tratados de economía les recomiendo que vean el documental Capitalismo: una historia de amor, del irreverente y siempre certero Michael Moore. Allí se explican muy claramente las consecuencias del advenimiento del reaganismo (y su correspondiente en Gran Bretaña, el thatcherismo). Supongo que es por eso por lo que debemos alegrarnos de que Obama, finalmente, haya podido sacar adelante su ambiciosa reforma financiera. A partir de ahora se regulará el mercado de derivados y se restringe el margen de maniobra de los bancos con los fondos especulativos.

  Pasará la crisis, por supuesto, y volverán los neoliberales –como las oscuras golondrinas- con su sempiterno “¡Fuera normas!”. Entonces debería ser el momento de recordar lo sucedido. Pero, ¿estamos realmente preparados para aprender del pasado?