Corolarios del Estatut

  Una de las consecuencias más disparatadas del proceso del  Estatut ha sido la llamada “cláusula Camps”, introducida por el presidente  valenciano en su propia ley de leyes a rebufo de la catalana. Esta cláusula dice, en román paladino, que cualquier competencia que se arrogue el Estatut de arriba automáticamente será reclamada por el Estatut de abajo.

  Al día siguiente de la sentencia del Constitucional, un conseller de Camps ya estaba recordando este peculiar “me lo pido”, aunque luego la portavoz del Consell lo rectificó. Ahora resulta que el Estatut catalán no es “constitucional”, pero todo el mundo lo quiere imitar, ¡comenzando por el mismo PP que lo impugnó! El caso valenciano, sin embargo, obedece a una psicopatología de otro rango. Cualquiera que conozca los avatares de la Transición en el País Valenciano reconocerá en el anticatalanismo clásico de la derecha local un profundo sentimiento de inferioridad. Los derechistas valencianos odian a Catalunya como sólo un hijo sabe odiar a un padre, pero al mismo tiempo no pueden evitar estar permanentemente pendientes de cualquier gesto en Barcelona que pueda ser remedado en Valencia –aunque sólo sea para distorsionarlo hasta el ridículo- a mayor gloria de la fatuidad regionalista.

  No se preocupen ustedes, que Camps nunca utilizará su famosa cláusula para dignificar el catalán/valenciano en Valencia (igualándolo al castellano en derechos y deberes, por ejemplo). Sus aspavientos e histerias emulativas están reservados a intentar rebañar algún dinerillo extra o explotar un poco más algún podrido simbolismo emotivo. Quod erat demonstrandum.