Traducción inversa

¿Réquiem por las cajas de ahorro?

Aceptemos que sean lógicas las desconfianzas generadas por las cajas de ahorro españolas en el sistema financiero internacional. Al fin y al cabo, tienen una gran parte de su crédito atrapado en hipotecas. Por estas no reciben un interés superior al 2’5%, mientras el capital externo que consiguen tienen que pagarlo al 7%. Esa es la magnitud exacta de su problema. La solución planteada por el Gobierno incide en las concentraciones de entidades, pero también en su bancarización. ¿Estamos ante el final de las cajas tal como las hemos conocido? Personalmente, las cuatro perras que tengo siempre las he depositado en cajas de ahorro. Quizá sea un romántico ingenuo, pero me tranquiliza saber que una parte de lo que se me detrae por ahorrar es devuelto a la sociedad en forma de Obra Social. Si el modelo ahora exige que todas las instituciones de crédito actúen con lógica estrictamente bancaria, ¿qué pasará con la actuación social que llevaban a cabo –por ley- todas las cajas? Con las concentraciones y la nueva ley se consiguen, en teoría, instituciones más fuertes y menos politizadas. Cada autonomía refuerza así su propio sistema bancario, con una excepción: en el País Valenciano, se ha entregado Bancaja a Caja Madrid y la CAM a Cajastur, respetivamente, quizá en aplicación estricta de la primera línea del Himno Regional: "Para ofrendar nuevas glorias a España" (la lógica "patriótica" de Francisco Gürtel Camps es implacable). No sé cuál será el futuro inmediato de las cajas de ahorro. Auguro que mi desconfianza hacia los bancos tradicionales, sin embargo, se va a ver corregida y aumentada. Aceptemos que sean lógicas las desconfianzas generadas por las cajas de ahorro españolas en el sistema financiero internacional. Al fin y al cabo, tienen una gran parte de su crédito atrapado en hipotecas. Por estas no reciben un interés superior al 2’5%, mientras el capital externo que consiguen tienen que pagarlo al 7%. Esa es la magnitud exacta de su problema. La solución planteada por el Gobierno incide en las concentraciones de entidades, pero también en su bancarización. ¿Estamos ante el final de las cajas tal como las hemos conocido? Personalmente, las cuatro perras que tengo siempre las he depositado en cajas de ahorro. Quizá sea un romántico ingenuo, pero me tranquiliza saber que una parte de lo que se me detrae por ahorrar es devuelto a la sociedad en forma de Obra Social. Si el modelo ahora exige que todas las instituciones de crédito actúen con lógica estrictamente bancaria, ¿qué pasará con la actuación social que llevaban a cabo –por ley- todas las cajas? Con las concentraciones y la nueva ley se consiguen, en teoría, instituciones más fuertes y menos politizadas. Cada autonomía refuerza así su propio sistema bancario, con una excepción: en el País Valenciano, se ha entregado Bancaja a Caja Madrid y la CAM a Cajastur, respetivamente, quizá en aplicación estricta de la primera línea del Himno Regional: "Para ofrendar nuevas glorias a España" (la lógica "patriótica" de Francisco Gürtel Camps es implacable). No sé cuál será el futuro inmediato de las cajas de ahorro. Auguro que mi desconfianza hacia los bancos tradicionales, sin embargo, se va a ver corregida y aumentada.