Traducción inversa

Eastwood contra Scorsese

Para empezar el curso a lo Pep Guardiola, el conseller y portavoz del PP en las Cortes Valencianas Rafael Blasco reunió a sus huestes y, sin previo aviso, les proyectó la película Invictus, de Clint Eastwood.  El objetivo no está nada claro. Los valores que sugiere esa obra –unir a blancos y negros aprovechando el efecto galvanizador del deporte- parecen un poco exóticos en la circunstancia valenciana. ¿Quiénes serían los negros, por ejemplo? A Camps y a sus asalariados les gusta dividir el paisanaje entre buenos y malos valencianos. Los buenos son, para entendernos, los españolistas, los fachas, los cejijuntos que no se hacen nunca preguntas. Para el papel de los malos, por supuesto, tiene donde elegir: los catalanistas, los progres, los universitarios con gafas. En un país donde el antiintelectualismo se tiene a gala como una virtud cívica sine qua non, la negritud forma parte de un fondo difuso, de un inconveniente fácilmente superable.

¿Pero Invictus? No sé, me parece una ocasión desaprovechada. Lo lógico y más apropiado hubiera sido, sin ninguna duda, Uno de los nuestros, del maestro Martin Scorsese. Al fin y al cabo, sus protagonistas cuadran perfectamente con la actualidad valenciana: Ray Liotta podría encarnar al propio Camps, Joe Pesci a José Joquín Ripoll y Robert de Niro sería ideal para representar al gran Carlos Fabra. ¡Vaya trío de goodfellas en este lado del Atlántico! Gürtel, Brugal y Naranjax como epifenómenos de un turbio aire de familia.

Señor Blasco, afine usted la cuestión cinéfila. No hay que rebuscar entre la épica cuando están a nuestro alcance espejos mucho más pertinentes.