No disparen contra los 60

No parece posible estar en desacuerdo con el testamento ensayístico de Tony Judt, Algo va mal. Para el historiador británico, derrotado finalmente por la esclerosis lateral amiotrófica el pasado verano, de la crisis –económica y moral- del presente sólo se puede salir desempolvando el mensaje clásico de la socialdemocracia. Arrumbado el comunismo por su inhumanidad y la mala praxis de sus partidarios, desenmascarado el capitalismo por las crisis cíclicas que provoca la avaricia de sus potentados, deberíamos estar en condiciones de salvaguardar la gran aportación europea a la sociedad mundial: el Estado del bienestar.

A mí todo eso me parece muy razonable. Lo que me alarma es que alguien tan lúcido como Judt se apunte a esa moda tan querida en nuestros días de echarle la culpa a los años 60 de todos los males contemporáneos. Para Judt es en esa época donde se ponen las bases del individualismo que permitió la llamada “revolución conservadora” de Thatcher y Reagan.

En los 60 se produjeron, probablemente, muchos desatinos. Era tal el ansia de libertad y el anhelo por “cambiar el mundo” que algunos se pasaron siete pueblos. Hubo un infantilismo y una ingenuidad excesivos, de acuerdo. Pero no deberíamos descalificar globalmente el período de optimismo ideológico más acentuado del siglo XX. Somos hijos de los 60, lo queramos o no, y en cada propuesta de una política realmente progresista en cualquier sector social (las mujeres, los homosexuales, las minorías nacionales, los desheredados) se está actuando bajo el impulso de la década maravillosa. Y por eso la derecha la odia con todas sus fuerzas.