Traducción inversa

Crisis y autonomías

Es curioso que la primera gran propuesta que el PP presenta contra la crisis sea reducir el peso de las autonomías. Estuvieron callados cuando se bajó el sueldo a los funcionarios, se realizó la reforma laboral o se privatizaron los aeropuertos. En cambio, ahora que se les exige que aporten algo para sacar al país del bache, no se les ocurre nada más que señalar con el dedo al estado democrático y mascullar en lengua tejana que lo autonómico es un gasto superfluo, y hay que volver a la España una y grande.

Al margen de que con eso revelan su auténtico subconsciente, el hecho en sí no deja de resultar extravagante. Todo el mundo sabe que el déficit de las autonomías –lo publicó este diario- es casi insignificante comparado con el del Estado central. También es sabido, además, que el propio déficit público en España es mucho menor que el de la mayoría de los países europeos y, en todo caso, una porción pequeña comparado con el déficit privado (los activos inmobiliarios de bancos y familias). Con todo eso, ¿qué político que no sea un pardillo o un extremista descerebrado puede ir diciendo por ahí que el problema de España son sus autonomías?

El auténtico problema de este país es que, si nadie lo remedia, en 2012 el PP de Rajoy, Aznar y otros doctores horroris causa van a ganar las elecciones gracias a la crisis. Y entonces se encontrarán con una economía en despegue y todo el viento a su favor. Sin comerlo ni beberlo –y sin aportar una sola idea positiva- se van a subir a la ola. ¿Autonomías? Que le digan a Camps o a Aguirre que han de reducir su poder. Si pueden aguantarse la risa, claro.