Traducción inversa

Por qué Griñán sí y Camps no

Puestos a imaginar futuribles, sería interesante dilucidar por qué –según los cálculos más probables- José Antonio Griñán puede acabar perdiendo las elecciones en Andalucía y, en cambio, Francisco Camps las ganará de calle en el País Valencià. La diferencia estriba, sencillamente, en una cuestión de valores. Hay cosas –digámoslo claro- que su electorado no va a tolerar al socialista Griñán y, en cambio, va a ocurrir exactamente lo contrario con los apoyos mayoritarios con que cuenta Camps. Esto será así porque, como dice un lúcido amigo mío, para la izquierda la corrupción es una mancha, pero para la derecha solo es un método.

Valores. Ante la evidencia de lo corrupto, el elector derechista (cuya máxima presunción de elegancia ideológica consiste en llamarse a sí mismo "liberal") se pregunta dónde puede residir el escándalo. Es el mismo tipo que, ante la crisis económica, no indaga la génesis en la avaricia desmedida del capitalismo internacional sino –como diría Salvador Sostres-, en la desvergüenza de los muertos de hambre que aspiraron a una vivienda digna sin merecerla. Solo la izquierda, anacrónicamente pudibunda, se rasga las vestiduras al comprobar que sus representantes no han sido tan honrados como presumían. Cambia los valores de una sociedad –qué fácil ha sido en el caso valenciano- y tendrás asegurado el poder.

Y luego se quejarán algunos, con sus sollozos retóricos más lastimeros, de que la "izquierda" se considere moralmente superior a la "derecha". No es que se considere, hermanos. Es que -visto lo visto- lo es.