Traducción inversa

Raimon

El viernes pasado actuó Raimon en la Universidad Politécnica de Valencia. No sé si a los lectores más jóvenes habrá que explicarles quién es Raimon. Este año precisamente se celebra el medio siglo de vida de su primera canción, "Al vent" (Al viento), cuya difusión constituyó un auténtico mazazo colectivo. Raimon es un tipo, en efecto, que lleva 50 años haciendo música, de los cuales los primeros tres lustros fueron como un huracán que golpeó al franquismo con valentía y tesón, se coló por sus costuras y dejó sentir a toda una generación el primer soplo de lo que sin duda debía de ser la libertad.

  Él dotó al incipiente movimiento de la Nova cançó catalana de un auténtico aliento profético, y su grito metafísico (tan parecido al de Mikel Laboa en Euskadi) se convirtió enseguida en el auténtico estandarte del movimiento.

  50 años después, es lógico que sea noticia un concierto conmemorativo de "Al vent". Lo triste es que la noticia consiste en que Raimon puede actuar en su tierra, el País Valenciano, después de muchos años de ausencia. Desde que gobierna el PP es uno de los artistas vetados por el poder. No se sabe qué les molesta más, que cante en catalán o que sea una leyenda viviente del antifranquismo (probablemente las dos cosas). Quizá  alguien como Francisco Camps pueda sentirse orgulloso de haberle cerrado a Raimon todas las puertas, pero la venganza del de Xàtiva consistirá en que, cuando nadie recuerde quién fue Camps (¿no fue aquel tipo que tuvo que dimitir por ser sobornado con trajes?), nuestro cantante, reconocido internacionalmente, ocupará un lugar de honor en la historia de la cultura popular moderna.