Traducción inversa

La AntiEspaña

El domingo Francisco Camps estuvo en Gandía. Con ese brillo en los ojos que sólo proporcionan la impunidad judicial o la mayoría absoluta (o ambas cosas, en este caso), se autoproclamó ante sus huestes héroe de la Resistencia Valenciana, "por haber aguantado un Gobierno imposible, absurdo, extraño y antiespañol". Esos cuatro adjetivos –tomen buena nota- se refieren a Zapatero. Obviemos los tres primeros y concentrémonos en el cuarto: "antiespañol".

Contra los partidarios de no hacer caso de un gerifalte severamente alienado tras el descubrimiento de sus implicaciones en la red Gürtel, yo sí me tomo en serio a Camps. En lo que dice hay siempre un fondo de ideología profunda. ¿Zapatero, que es de Valladolid (en el meollo de la Castilla inmensa) y vive en Madrid, "antiespañol"? Entonces, en buena lógica, Camps –que nació en la huerta valenciana- debe considerarse emblema de lo español puro. La paradoja es estimulante. Así pues, según Camps, para ser nacional de un país no basta con haber nacido allí. Recuerden ustedes, por contraste, la vieja doctrina pujolista, que preconizaba que "es catalán quien vive y trabaja en Catalunya".

Al final estaremos en lo cierto los que siempre creímos que España no es una nación, sino una ideología. Un español de izquierdas no es un auténtico español. Un valenciano de derechas, es obvio que sí. Ya dijo Francisco de Goya –otro antiespañol: de Fuendetodos (Zaragoza)- que "el sueño de la razón produce monstruos". Pues vienen tiempos monstruosos para España. Y para la AntiEspaña, no digamos.