Traducción inversa

Millonarios y otros camellos

Un fantasma recorre el mundo: la filantropía de los multimillonarios. El verano se acaba, la crisis se recrudece, y algunos tipos con grandes fortunas les dicen a sus gobiernos –en Estados Unidos, en Alemania, en Francia- que quieren pagar más impuestos. Pues muy bien. Lo que no está tan claro es si el brazo político de estos señores –el Partido Republicano en USA, Merkel en Alemania, Sarkozy en Francia- está dispuesto a sacar conclusiones operativas de todo esto. Quizá la derecha francesa o alemana sean razonables, pero no me imagino al Tea Party bendiciendo la subida de impuestos, o cualquier otro beneficio colectivo.

Y mientras tanto, en España, las grandes fortunas dudan. Ellos no se ven, quizá, contribuyendo al alza a favor de su sociedad. Son ricos pero, sobre todo –qué caray-, son españoles. Imaginemos por un momento, sin embargo, que al final deciden dar el paso. Emulando a Buffett, a Bettencourt, a todos esos supermillonarios socializantes, se deciden a exigir que recaigan sobre sus beneficios los diezmos pertinentes. ¿Qué ocurrirá, entonces, con el discurso de Rajoy, ese vampiro con barba que considera los impuestos su más odiada cruz?

Si yo fuera multimillonario, exigiría sin dudarlo una gran carga impositiva. Al fin y al cabo, ya que me embargaría la misma insuperable dificultad para entrar en el Reino de los Cielos que la que pueda tener un camello para pasar por el ojo de una aguja (Mt 19, 23-30), mi única posibilidad de redención sería el IRPF. Ricos del mundo, uníos. Y soltad de una vez la mosca, si es posible.