Traducción inversa

El legado

Es difícil calibrar ahora cómo se valorará el legado de Zapatero. Supongo que un homosexual que ha podido casarse y/o adoptar hijos, una mujer que ha podido abortar sin cortapisas ni hipocresías o esas personas con el perfil de candidatas a ser víctimas de ETA (concejales, policías, empresarios) que, sin embargo, continúan vivas y/o libres lo evaluarán de una manera positiva. Pero si es alguien que, en estos últimos tres años, se ha visto en la calle, sin trabajo, quizá tienda a personalizar su desdicha en el rostro del hoy presidente en funciones. Será justo o injusto, pero nadie lo podrá culpar por ello.

En el fondo, cualquier líder anhela que la parte positiva de su mandato acabe venciendo en la memoria colectiva a la negativa. Supongo que Bill Clinton, cuando se destaparon sus desahogos seminales, sintió sobre su nuca el aliento frío del desprecio de la Historia (el síndrome Nixon/Watergate). ¿Olvidarán alguna vez los norteamericanos a Monica Lewinsky y, en su lugar, pondrán cirios en el altar del magnífico balance económico del marido de Hillary? Es difícil de saber. La experiencia demuestra, sin embargo, que los presidentes audaces –y creo que lo ha sido más Zapatero que Clinton- acaban siendo recordados más por sus aciertos que por sus errores.

A mí me parece, con todo, que Zapatero debería haber puesto más arrojo para profundizar en lo que él mismo llamó la "España plural". Creo que todo lo que erosione la visión autoritaria y monolítica de esta torturada piel de toro es inaplazable. ¿Alguien me puede culpar por ello?