Traducción inversa

Lecciones del final

Pocas cosas son comparables ahora mismo al espectáculo que estamos dando, de puertas para adentro, con el final de ETA. En el resto del mundo el asunto se circunscribe a otro grupo terrorista que –como el IRA antes- decreta por fin el alto el fuego. Las implicaciones emocionales e ideológicas, sin embargo, son tan profundas aquí que mucha gente no está a la altura del momento histórico. Esto es relativamente normal. La objetividad sólo la da la distancia y por eso los invitados a la llamada Conferencia de Paz del palacio de Aiete disponían de una comprensión privilegiada del problema. Y por eso precisamente fueron agraviados hasta la saciedad por los partidos y la prensa más visceralmente españolista. El insulto más grave lo propinó –chapuceramente, como siempre- ese gran estadista llamado González Pons. Aseguró que Kofi Annan, Gerry Adams, o Pierre Joxe (como antes Brian Currin) no podían ayudar a solucionar el litigio porque eran extranjeros. Los llamó así: "extranjeros". Se burló, precisamente, de la única condición que les permitía evaluar el problema sin pasión ni furia. Malditos extranjeros.

Y luego está toda la literatura generada en la prensa "centrista". Un par de frases inmortales valdrán de ejemplo: "Aiete, cobra y vete"; "A Currin, que le den por currin". Si, amigos: ese es el tono, ese es el nivel del análisis, ese es el estilo de nuestros más brillantes columnistas "liberales".

No sé, honestamente, si algunos tipos podrán sobrevivir sin ETA. Parecen ellos las únicas y definitivas víctimas. Y, a su manera, lo son.