Traducción inversa

El mito de Sísifo

Parafraseando a Albert Camus, podríamos decir que el único dilema electoral en España es si el PSOE merece o no ser votado. Esto es así, por lo menos, desde 1982 y supongo que por eso los períodos electorales son tan aburridos. Si analizamos la evolución de los principales partidos, descubriremos que todo el espectro derechista está concentrado en el PP y nunca (ni siquiera con la mayoría absoluta de Aznar en el año 2000) ha superado un techo situado en poco más de diez millones de papeletas. Todos juntos –extrema derecha, conservadores religiosos, centristas…- nunca sobrepasaron esa cantidad, y probablemente nunca lo harán. ¿Cuándo puede entonces ganar la derecha unas elecciones? Cuando los votantes del PSOE se abstienen o votan otras opciones. Simplemente.

Para el 20 de noviembre, es obvio que estamos en otra coyuntura en que, ante la incomparecencia del electorado socialista, los diez millones de votos del PP –ni uno más ni uno menos- le proporcionarán una mayoría absolutísima. En contrapartida, las otras formaciones progresistas verán incrementados sus apoyos. Gobernará la derecha, pero el Congreso resultante será menos bipartidista.

Y lo que me pregunto, claro, es si es inevitable que, para que la izquierda plural se vea mejor representada, tenga que gobernar la derecha. No fue así en 2004, aunque aquellas elecciones resultaron verdaderamente excepcionales. Sea como sea, Sísifo-Rubalcaba está llevando ya su piedra a la cima de la montaña. Y en lo alto le espera, una vez más, la amarga profundidad del desierto.