Traducción inversa

Epístola moral a Félix de Azúa

Fue divertido encontrar el otro día a Félix de Azúa, en un periódico nada sensacionalista y muy ponderado, explicando que ha tenido que abandonar Barcelona y vivir en Madrid huyendo del "nacionalismo". Concretamente, asegura, no quiere que su hija sea "educada en Catalunya". Santo Dios, cómo le comprendo. Debe ser durísimo vivir en un país donde no te dejan publicar tus libros, donde te prohíben escribir en los periódicos, donde te impiden dar tus clases en tu lengua. Después de eso, ¿qué más se le puede hacer a un intelectual y/o artista? ¿Obligarle a ver Sin Chan doblado al catalán?

Haces bien, Azúa. Ahora tu hija se educará en uno de esos caros colegios privados subvencionados por Aguirre donde le enseñarán a odiar a Catalunya y a amar a Madrid, digo a España. Me da escalofríos, sin embargo, pensar en que cunda tu ejemplo. Hace tiempo Gaspar Llamazares sugirió que, en Madrid, había "medio millón de extremistas de derecha cabreados" (¡cuántos posibles amiguitos, por supuesto "no nacionalistas", para tu hijita, Azúa!). Como no todos los madrileños responden a ese perfil, no cuesta imaginarse la diáspora que podría organizarse: todos los progresistas de la capital buscando alojamiento en la periferia. En mi casa de Borriana no tengo mucho espacio, pero en la de Vilafranca puedo acoger a un par de familias con descendencia breve y morigerada.

De todo esto se deduce, apreciado Azúa, que hoy en dia el que no se siente víctima de algo es porque no quiere. Pero, ¿sirve para algo el victimismo? Además de para vender periódicos, quiero decir...