Traducción inversa

Valencianos en el mundo

¿Alguien conoce a Avel·lí Corma? ¿Y a Francisco Camps? Son extraños los dictados de la fama, porque ambos tienen reconocimiento mundial, pero sólo uno lo ejerce. La revista GQ declaró a Camps (en el 2009) uno de los hombres mejor vestidos del planeta, pero para entonces el caso Gürtel ya mordía los talones al marido de la farmacéutica. Frente a la nombradía instantánea y golosa que ha atesorado Camps en este tiempo, el químico Avel·í Corma sólo puede presumir de ser el investigador español más citado en el mundo. La revista Science considera que su descubrimiento de una nueva molécula -la zeolita- con aplicaciones ecológicas es uno de los diez mejores hallazgos del 2011, a la altura de la vacuna contra la malaria.

Que Corma sólo sea popular entre sus colegas del Instituto de Tecnología Química de Valencia indica bien a las claras qué clase de maleficio pesa sobre los valencianos. Nuestra fama de adictos al espectáculo vacío, al derroche instantáneo e inútil –una falla, una mascletà, un desfile de Moros y Cristianos- nos convirtió en reos de un presidente que destiló todo eso a la perfección y, además, aceptó presuntamente sobornos de sus ya clásicos amiguitos del alma, usted y yo sabemos a cambio de qué.

El año termina y el careto de Camps con su media sonrisa hueca en el banquillo de los acusados simboliza perfectamente el fin de una época. Es la corrupción, la desmesura, el despilfarro y la poca vergüenza lo que se juzga allí. En un mundo mejor, nadie sabría quién es Camps, pero Avel·lí Corma sería uno de nuestros héroes.