Empezamos bien

Del congreso del PSOE se pueden sacar diversas enseñanzas. Parece que no es aún tiempo de que una mujer –y una mujer ¡catalana!- rija los destinos del partido que se enorgullece de ser el que “más se parece a España”. Pues en España hay mujeres, hay jóvenes y –lo siento mucho- hay catalanes. Lo que se ofició el otro día en Sevilla se asemeja al eterno retorno y eso, traducido, significa que vienen años muy duros. Rubalcaba fue enviado al combate en un último servicio, ante unas elecciones que estaban perdidas de antemano. Luchar por la secretaría general y conquistarla en Sevilla era más de lo que  se le pedía y muchísimo más de lo que se necesitaba. Aún siendo un tipo magnífico, con la cabeza tan bien amueblada, es obvio que Alfredo no es el líder de futuro que necesita la socialdemocracia española. Chacón, al menos –por género y por edad-, podría haber instaurado, aunque fuera brevemente, la ilusión de la novedad. No se ha querido así y lo que ahora toca es poner rumbo al desierto y prepararse para las cuarenta jornadas bíblicas de sangre, sudor y lágrimas. Tenemos PP para rato. En un tiempo en que la izquierda baja los impuestos y  la derecha los sube alguien podría pensar que da igual quién gobierne. Claro, claro. Que se lo pregunten a las mujeres, a los homosexuales, a los profesores y a los médicos o a los dependientes. Pronto la lista de los damnificados de Rajoy saldrá de la Moncloa y dará la vuelta al ruedo celtibérico. Y el PSOE enrocado entre las nieblas de un pasado que no le deja ver el futuro. Empezamos bien.