La trama mediática

El regreso de H. T.

Habrá que congratularse. Felizmente repuesto de las lesiones que todos menos Esperanza Aguirre sabemos que no le causó un sicario de Wyoming sino un vulgar patán nocherniego, Hermann Tertsch cabalga de nuevo sobre su columna de ABC. ¡Y con qué bríos! Vean, vean el ímpetu con que acolleja al inquilino de Moncloa: "Pero aplastar ya a todos los que le votaron en su día y de paso a quienes jamás lo votarían es una operación que le viene grande a nuestro chico que combina la moda yeyé exclusiva de su Sonsoles, con sus trajes cortados por el sastre albanés de Enver Hoxha, siempre deseoso de que las manos incontrolables revelaran el auténtico talante de la percha. Venganza postrera". Anden, no dejen nada en el vaso. Apúrenlo hasta el final: "Esta presidencia puede dejar al gran líder izquierdista leonés o vallisoletano -orwhoknowswhat- en esa basura de la historia de la que jamás debió salir". Creo que en la próxima nos contará por qué calló como un sepulcro que lo que le convirtió en mártir de la libertad de expresión fue una paliza de bar.

Si todo va mal, Rajoy gana

Aguardaremos en vano la explicación. Ya saben lo de los medios y el fin o, más preciso aún, lo de "cuanto peor, mejor". El periódico de Terstch ni siquiera disimula su creencia en ese adagio, como vimos ayer en un editorial que cifraba las esperanzas de victoria del PP en que pasemos del negro al negrísimo: "Mientras tanto, el paro, el déficit y el pesimismo serán la sombra que acompañe al Gobierno en su agónico intento de remontar algo mucho más difícil que las encuestas: el descrédito ante los ciudadanos". La pieza en cuestión llevaba por título "Rajoy quiere ganar". ¡Vaya! ¡Y todos pensando que al pontevedrés lo que le gusta es quedar el segundo!

No hay que dar nada por obvio. También creíamos que el editorialista de Cope no necesitaba ver Barrio Sésamo para distinguir lo laico de lo confesional. Pero no: "Es urgente definir una laicidad positiva y abierta, que fundada en una justa autonomía del orden temporal y del orden espiritual, favorezca una sana colaboración y un espíritu de responsabilidad compartida, en lugar de enrocarse sobre un laicismo excluyente que considera al relativismo como elemento constitutivo esencial de la democracia y que acaba por rechazar la importancia social del hecho religioso". Supongo que se dan cuenta de que lo que viene a decirnos es que la tal laicidad tiene que ser católica, apostólica y romana. Así, cualquiera.