La trama mediática

Cochina envidia

Tenía que ser él, con su proverbial gracejo saliéndole de allá donde decían que el difunto Miguel Muñoz tenía una flor, dispuesto siempre a ser la antítesis porteña de Robin Hood, incansable defensor del derecho de pernada de los que han hecho pasta con el sudor de la frente ajena. Sí, sólo Carlos Rodríguez Braun podía atreverse a vitorear al señorito Iván de Los santos inocentes o, en este caso, a cantar loas a los que, sin generar un gramo de riqueza, cobran novecientos mil euros al año. Según escribía en La Razón, escandalizarse por algo tan justo es de pobretones tiñosos: "La envidia es una gran fuerza socialista, que el señor José Blanco azuza con desenvoltura: vean, vean lo mucho que ganan estos asquerosos controladores; son ricos, y por tanto privilegiados". Que no, Braun, que es al revés: son privilegiados y, por lo tanto, ricos. No es lo mismo.

Ya saben. A este desparpajo para teorizar la explotación como una de las bellas artes se le llama liberalismo. Lo bueno es que los propios comulgantes de esa fe saben que muchos de los que dicen profesarla son ultramontanos embozados. Ayer mismo lo escribió en ABC el también liberal (sector auténtico, quinta asamblea) Ignacio Camacho: "En España hay muchos sedicentes liberales de apasionada vocación autoritaria, fanáticos banderizos aficionados a camuflar su intransigencia bajo la ancha etiqueta del liberalismo. Ser de veras liberal en este país de facciosos exaltados resulta a menudo un ingrato ejercicio de conciencia que conduce a la melancolía o al escepticismo". Tiene pinta de saber de lo que habla.

Amados terroristas

Por alusiones, comparece Alfonso Ussía, pero no para rebatir a su excolega, sino con uno de los mantras más manidos de su repertorio, que calza en La Razón so pretexto del recién descubierto plan fallido de ETA para asesinar a José María Aznar. Ahí va: "Consumado el fracaso criminal, los terroristas amados por Setién, Arzallus y Eguíbar adquirieron en el mercado negro de armas un lanzamisiles Sam". Nada, que por más que lo intenta, no consigue la querella que lo convierta en mártir de la libertad de expresión.

Seguro de contar con la misma impunidad, el dibujante de ABC Puebla caricaturizaba a Joseba Egibar (anote el matiz ortográfico, Ussía) diciendo "Estoy muy preocupado con la confesión de Olano. ¿Por qué no contó conmigo para esconder el lanzamisil?". Satisfecho, Mingote debió de darle un azucarillo a su delfín.