La trama mediática

César Vidal, también ecologista

Esto del ecologismo sobrevenido empieza a ser plaga. La semana pasada, recordarán, les traía las proclamas verdes del presidente de Repsol. Hoy les vengo con la foto de César Vidal embozado tras una mascarilla -no es una metáfora, lo prometo- voceando contra la construcción de una central térmica en Madrid desde los micrófonos de Es(peranza)Radio. Han acertado. Se trata de un proyecto del golondrino en la axila de la lideresa: "Esa amenaza ha de ser detenida porque de lo contrario, no sólo millares y millares de madrileños se verán obligados a colocarse sobre la cara una mascarilla como la que yo llevo esta noche sino que se sumarán -quién sabe si también por millares- aquellos cuya salud se verá quebrantada y su vida quizá incluso acortada por el simple endiosamiento de Alberto Ruiz-Gallardón". En aplicación de su propia doctrina megaliberal, eso lo retrata como enemigo del progreso, que lo sepa.

Pero es que marcha el mundo al revés. A cuenta de la LePenada de Vic, y como los que la han perpetrado actúan bajo siglas rojoseparatistas, el ultramonte que toda la vida ha querido poner vallas electrificadas a la piel de toro se ha sacado el carné de SOS Racismo. Incluso Alfonso Ussía se convirtió ayer en paladín del acogimiento en La Razón: "Grita, más que murmura, una corriente de xenofobia por las soterras de Cataluña. Han olvidado muchos catalanes que, como el resto de los españoles, ellos también han sido emigrantes". Impecable, ¿verdad? Pues aún lo mejoraba, y lo escribo agradablemente sorprendido: "No se pueden cerrar las puertas de la mínima prosperidad a quienes han sobrevivido al éxodo de la esperanza". Traducido: papeles para todos. A ver cuánto le dura la lucidez.

Cristina amenaza

Ya ven que se ha adelantado el carnaval en Carpetovetonia. Todos andan disfrazados de lo que no son. La única que, fiel a sí misma, va de Monja Alférez es Cristina López Schlichting, que el otro día avisó a la progresía toda desde su púlpito de Cope que quien tocara un pelo de su obispo favorito se las vería con ella: "Les da rabia Munilla y lo quieren destrozar, aunque sea bueno para el País Vasco. Pero antes, señoras y señores, van a tener que acabar con los salesianos, y con las carmelitas, y con las hijas de la Caridad -¡que menudas son las navarras!- y con sus hermanos y hermanas, con sus padres y sus familias y, ¡ojo!, aunque soy la última de todos y la más pequeña, conmigo, que no es moco de pavo".