La trama mediática

Garzón al paredón

Triste sino, el del juez campeador. La misma reata de palmeros que cebó su voraz ego anda ahora pidiendo que le corten, como poco, la toga. Rumian que les ha salido rana, o sea rojo, que es el peor de los batracios para quienes quieren una España con las cunetas tal como las dejaron sus buenos. Tiene que doler que encabece el pelotón de acollejamiento esa primera rebanada del pan Bimbo intelectual que atiende por Cristina López Schlichting. Sientan lástima por el magistrado (za)herido por el rayo episcopal: "Querías vengar la 'memoria histórica' iniciando causa general sobre los muertos de la República y estás a punto de sentarte en el banquillo. Eres el cazador cazado. Dice el juez Varela, que lleva tu caso, que ve indicios de prevaricación. Bueno, ha conseguido hacerme recuperar la fe en la justicia".

Ha dicho justicia. Quería decir -no le pidan peras al ciruelo- impunidad y que de una vez los perdedores -vivos o muertos, allá películas- asuman que todo el pescado de la Historia está ya vendido. Y que no se quejen demasiado, porque ya se les perdonó su derrota: "Empezábamos a olvidarnos de los bandos cuando Zapatero enredó otra vez que si guerra civil, que si república, que si hay que mirar atrás. No y no. Si hubo amnistía la hubo para todos y saltarse la transición que nos dieron nuestros padres es un gesto mezquino y vil". Santa Rita Rita, lo que se da no se quita. ¿Esperaban, acaso, un razonamiento más profundo?

El joven lector de ruso

Para que se les quite el sabor amargo, les propongo un juego. Deben adivinar el autor de la pedantería superlativa que les transcribo a continuación. ¿Preparados? Ahí va: "Era bastante joven cuando leí en ruso aquel enfrentamiento entre un joven inventor de una máquina para colar acero y la burocracia ministerial". ¿Lo tienen ya? Demasiado fácil. Por supuesto, se trata del cultivado -modalidad puerro, ya me entienden- César Vidal, que en su última exhibición chulopiscinesca en La Razón nos hablaba de uno de esos opúsculos que ustedes o yo utilizaríamos para calzar una mesa coja. Y eso que nos perdemos, porque según nos ilustraba el sabiondo, "constituye un alegato en favor de la libertad científica, justo la que el socialismo no puede tolerar históricamente ni en la lejana Rusia ni en nuestras tristes universidades de las que ni una sola se encuentra entre las cien primeras del mundo". No traten de averiguar si existe. Sólo está en ruso. Qué pena, ¿no?