Otra vez el oro de Moscú

No, qué va. No son guerracivilistas. Por eso les sale tan bien la imitación de Martínez el facha y se saben de carrerilla el salterio azul mahón, incluyendo, por supuesto, los cánticos del oro de Moscú. Apártense que les va a encalomar uno Alfonso Ussía desde La Razón: “El abuelo de la nieta de Negrín es responsable de miles de asesinatos, tropelías, torturas y robos durante su Presidencia del Gobierno del Frente Popular. El abuelo de la nieta de Negrín ha sido el mayor ladrón de la Historia de España. Vació de oro las arcas del Banco de España para entregárselo a Stalin en Odessa”. Sí, fue el pago por unas armas que se tuvieron que comprar para combatir a unos que se habían alzado contra la legalidad republicana. Pequeño detalle.

Digna de estudio, la obsesión soviética de los anacrónicos suscriptores de Flechas y Pelayos. Aquí les traigo a otro que la manifiesta en grado superlativo, César Vidal, que en su último salto a la yugular de Zapatero desde La Razón no olvidó la mención de la bicha moscovita: “Cree que hay enemigos de clase -los empresarios, las iglesias, las fuerzas armadas, los partidos que no han visto la luz- que deben ser aniquilados aunque, ocasionalmente, se pueda pactar con ellos como Stalin pactó con Zinóviev y Kámieniev para liquidar a Trotsky”.

¿Es usted progresista?

Eso fue ayer. Un par de días atrás, el Sancho del Quijote Losantos se empleaba a fondo dibujando grotescos rabos y patéticos cuernos a los que tienen por mal vicio no comulgar con sus facciosas ruedas de molino. Comprueben si se sienten reflejados en su definición de progresista: “¿Apoya calurosamente que ni profesores ni padres tengan autoridad porque es un ejercicio de autoritarismo sobre niños y adolescentes lo suficientemente formados como para abortar con dieciséis años o destrozarse el organismo con la píldora del día después? Pues es progresista”.

Había media docena de memeces del pelo. Se las evito, pero no la conclusión: “A día de hoy, progresista es sólo una hoja de parra para cubrir a bribones, sectarios y descerebrados capaces de progresar sólo en dirección al medro propio y al desastre de los demás”. A eso sólo se puede contestar desde una zona más templada del mismo flanco, la que transita en ABC Ignacio Camacho, que ayer escribía: “Hay en nuestra derecha un sector visceral y exaltado que tiene poco asimilados algunos preceptos constitucionales porque se compadecen mal con su fragor sectario”.