La trama mediática

Aznar lava más blanco

Y en esas llegó José Mari y mandó parar: "El PP tiene que ser implacable con la corrupción". Ya sé que a ustedes les da la misma risa que si vieran a Cantinflas impartiendo un cursillo de elegancia indumentaria, pero el dócil portadista de La Razón esculpió esas palabras en el frontispicio de su fortaleza de papel, a ver si colaba. Bajo ese mensaje con olor a confesión de parte, una fotografía mostraba a su farfullador con los ojos cerrados y una sonrisa falsa cual moneda de tres euros al lado de Mariano Rajoy, que aún disimulaba menos lo poco que le agradaba la compañía. "Veinte años de historia. El expresidente reúne en Sevilla a su primera ejecutiva", decía la nota explicatoria de la imagen, justo encima de La Giralda, que aparecía inclinada como si fuera la Torre de Pisa. Hasta eso era mentira en la instantánea.

No crean que habló en vano Aznar. Su aviso a navegantes provocó una visible ciaboga en el editorialista, que hasta el día anterior clamaba por el derecho de Bárcenas a seguir siendo tesorero del PP y capitán de navío, si le placía. Ayer, sin embargo, titulaba "Dimisiones tardías" y sostenía que "Luis Bárcenas tendría que haberse apartado hace meses de su puesto de tesorero, porque no se trata de un cargo como otro cualquiera". Qué valor.

Hay que disimular mejor

Gastando un rostro similar, desde ABC Ignacio Camacho se ponía medio serio con Rajoy: "La cuestión se llama ejemplaridad, y no tiene matices; si el PP quiere ser percibido por la sociedad como una organización distinta con un mensaje distinto, tendrá que comportarse de distinta manera". Tal vez piensen que le pedía al pontevedrés que no hubiese chorizos en su partido, pero si leen el editorial del vetusto diario, comprenderán que lo que le exigían es que aprendieran a disimular. He aquí la recomendación: "[El PP] deberá revisar su estrategia de comunicación porque el mensaje recibido por la opinión pública no ha sido tan claro".

Parece que no ha funcionado el velo garzoniano con que se quiso tapar la Gürtel. Pero no crean que el emplumamiento del juez campeador se ha volatilizado. Ahí sigue, y como botón de muestra, la carta que le envió Cristina López Schlichting desde su púlpito en Cope al justiciero progresista Varela: "No hago sino cavilar y decirme: o el magistrado Varela tiene algo gordo contra Garzón o es realmente uno de los jueces más justos y honestos de España". Hasta ella misma acepta la primera posibilidad.