La trama mediática

Olímpicos olvidos

Yo confieso: por una vez estoy de acuerdo con Hermann Tertsch. Y algo me dice que muchos de ustedes también cuando vean lo que escribió ayer en ABC sobre los juegos florales que han seguido a la muerte de Juan Antonio Samaranch. Lean y díganme si no es así: "Pocos, sin embargo, entre los generadores de loas a pleno rendimiento nos hablan del Samaranch como alto cargo de la Falange Española y de las JONS. También entonces él pensaba que servía a España con Franco". Y como remate, esto: "Samaranch fue mucho en la Falange cuando ésta lo era todo". Pese a lo que pueda parecer, el artículo era elogioso. Ya saben que para Tertsch haber llevado correajes es mérito.

En La Razón, Nacho Villa no sólo pasaba por alto el pequeño detalle, sino que nos atizaba una rueda de molino para comulgar, por si colaba: "Samaranch no hizo política con el deporte, ahí estuvo su éxito". Es lo que tienen los obituarios, que son terreno abonado para la hipérbole. O para arrimar el ascua fúnebre a la sardina de conveniencia, que es lo que hizo El Mundo en su editorial: "Su figura crecerá con el paso del tiempo como un gran catalán y un gran español". Como los suplementos, esas condiciones se venden conjunta e inseparablemente, ya saben.

Ya hay sentencia sobre el Estatut

Tal dato debió de ser clave para que el Tribunal Constitucional mandase al guano el Estatut. Dirán ustedes que eso está por ver, que de momento no hay sentencia ni a favor ni en contra. Pues no. Según se explayaba ayer el cátedro Jorge de Esteban en El Mundo, lo del otro día fue un rechazo en toda regla, lo que pasa es que el resto del orbe no se ha enterado. Tan seguro está, que su tribuna se titulaba "El Constitucional ya se ha pronunciado". Por supuesto, el pulgar de los togados apuntaba hacia abajo: "Porque el Estatut, con el dictamen más favorable posible a su legalidad, ya ha sido calificado por la mayoría absoluta del Tribunal como inconstitucional, y, por tanto, esto va a misa". Feliz por el fallo que sólo él conoce, concluía: "Un gran día para la unidad de España".

Como si también estuviera en el secreto, César Vidal aplaudía en La Razón la imaginaria sentencia: "No otro comportamiento seguiría un tribunal constitucional que aniquilara el Estatuto catalán por inconstitucional. Y es que si los tribunales se pliegan ante los que impulsan visiones alternativas de la legitimidad podemos dar por liquidada la democracia y por instaurado un régimen liberticida".