Los pollos de Evo

Las demasías se reproducen por esporas. Libera una de alto octanaje el neocientífico Evo Morales -ya saben, el pollo, las hormonas y las desviaciones del hombre en su ser- y en menos que se dice cocorocó sale una docena de columneros chistosos a subir la apuesta. En vanguardia, como se estaban imaginando, Juan Manuel De Prada, que trinó tal que así al éter desde Cope: “La afirmación ha encabronado mucho a la parroquia gay, que por su forma de embestir, más parece que se alimente de rabo de toro que de pollo hormonado”. Para mejorarlo, el fumigador de audiencias Nacho Villa se puso ingenioso y preguntó al ruiseñor zamorano: “¿Tú crees que Bibiana Aído come pollo?” La respuesta tuvo la habitual profundidad intelectual: “Yo creo que debería comer más para feminizarse un poquito”.

Incapaz de perderse un charco así, Alfonso Ussía se lanzó en plancha desde su trampolín opinativo de La Razón y nos salpicó: “Bueno sería que los rosicleres y machorras de la Madre Patria, sector oficial, respondan con su habitual contundencia a este homófobo machista del leninismo que ha humillado sus libertades de elección para encontrar la felicidad. Aunque sea de los suyos, pollos míos”.

El gallo Federico pone un huevo

Qué risa, ¿eh? Pues aún les queda asistir a un probable milagro de los transgénicos. Vean cómo un gallo -de nombre Federico y de apellidos, Jiménez Losantos- desmiente a la naturaleza y pone un huevo en su nido de El Mundo: “Para mí que el origen de estas mamarrachadas radica en el nombre. Ser tan machote y llamarse Evo tiene que haberle acarreado bromas crueles en el colegio y burlas atroces en el Ejército. Podría rebautizarse como Adano Pachamomo, si a Zerolo le parece bien”.

A todo esto, el resto del corral competía en el concurso de loas fúnebres a la misma persona que The Times despedía como “El hombre que robó el sueño olímpico”. Si en la primera remesa de lisonjas se obviaron ciertos detalles de la biografía de Juan Antonio Samaranch, en la segunda partida, esos datos fueron subrayados con admiración. Lean a César Alonso de los Ríos en ABC: “Algunos descubren la mano de los nuevos falangistas cuando acaba de morir el último de ellos, reconocido en el mundo entero, presencia gloriosa de España”.

Con lana del mismo ovillo, José Antonio Vera nos preguntaba en La Razón: “Si se quiere condenar al franquismo, habría que condenar también a Samaranch. ¿Verdad que es ridículo?” Contesten, no se priven…