Los ojos de Zapatero

Era el penúltimo cachivache que quedaba por inventar. Pronto lo venderán en las teletiendas: una primera página de periódico con ojos. La patente es de El Mundo, aunque los ojos pertenecen al presidente del Gobierno. Venían estampados a tamaño real en la portada junto a un pie que rezaba “Las ojeras de la crisis”. La impresión causada por unos surcos en los que se podría hacer descenso de cañones se convertía en congoja con el titular que acompañaba la imagen: “Zapatero solo con su reforma, entre los mercados y la huelga”. Y en el editorial, un bis: “Zapatero, solo y acosado en todos los frentes”. ¿Se decía algo más, a favor o en contra? No, sólo eso, que el de la Moncloa se ha quedado como los de Tudela.

En el renovado -por fuera, claro- ABC, otra foto para cursillo de fisonomistas. “Caos con la reforma laboral”, decía un titular bajo la imagen de José Blanco poniendo cara de asombro -o así-, mientras el de las ojeras abismales lo mira con media sonrisa. Como clave extra para la interpretación, esta noticia: “Dos tercios de los españoles ven 2011 con pesimismo”. Y para redondear el efecto, un anuncio de una clínica de reparación de bajos masculinos: “¿Problemas de erección? ¿Eyaculación precoz? Sexo es vida”.

Tertsch y su memoria

No había acabado uno de comprender nada, cuando en el interior se encontraba con Hermann Tertsch, vindicándose: “Que tengo 52 años y estuve azuzando contra Franco. Pero eso era cuando estaba vivo el general y sus gentes aún tenían muchas cosas que decir y hacer”, decía, encabritado esta vez por los vídeos de la Plataforma contra la Impunidad. Tampoco le han gustado al editorialista de El Mundo, por cierto: “Parte de la izquierda española sigue empeñada en construir una memoria sectaria. Por eso, sus intentos de rescatar del olvido sólo parte de lo ocurrido, lejos de servir para hacer una verdadera catarsis, provoca rechazo”.

Un poco de memoria más reciente en La Razón. Martín Prieto escribe esto sobre algo que ocurrió hace apenas veinte días: “Una flotilla en aguas embargadas debe ser avisada de que entra en zona prohibida, pero luego se la puede cañonear frente a la proa del primer buque y hasta cañonearla o mandarla algún torpedo. La Armada israelí se tomó la molestia de asaltarla cuando le asistía el derecho a hundirla”.

Y de postre, Alfonso Ussía: “Si los sudafricanos no saben qué hacer con las vuvuzelas, que se las metan por el culo”. Cuánta delicadeza.