Menos tijeras y más cepillo

Si de verdad Zapatero quiere darle un meneito al Gobierno, debería poner a Rouco Varela como ministro de Economía. Lean el titular de primera de La Razón de ayer y comprenderán por qué: “La Iglesia ahorra al Estado más de 30.000 millones, el doble del tijeretazo”. Lo de los panes y los peces multiplicados era un chiste comparado con los logros de Monseñor. De hinojos ante el Rey Midas de Villalba, el editorialista del periódico de la mancheta azul titulaba su pieza “Lección de honradez y eficacia”. Y como él también se administra bien, le llegaba para dar propina a los herejes monclovianos: “Cifras y datos apabullantes que dejan en ridículo a los laicistas rampantes del Gobierno, cuya última ofensiva es inventarse una ley de ‘libertad religiosa’ para asfixiar a la Iglesia, ponerle trabas a su actividad pública y recluirla en las sacristías. Además de sectarios, son ruinosos para la sociedad”.

Pronto se estudiará en las escuelas de negocios este método infalible para que la pasta chorree de los bolsillos. Claro que tampoco tiene tanto mérito, porque según el editorial hablado de Cope, todo lo ha hecho un gerente divino: “Dios quiera que la vitalidad de la comunidad católica en España siga dando muestras de la creatividad que genera la fuerza del amor y que la sociedad española y sus instituciones públicas lo reconozcan, protejan y fomenten cordialmente y sin prejuicios”. Amén.

Va de milagros

Ya ven, descreídos, que los milagros existen. Aquí tienen a Cristina López Schlichting confesando en La Razón uno que le ha ocurrido a ella. Ha visto a Marx, se lo juro: “Qué quieren, me surge una nostalgia escandinava o marxista de lo más sospechosa. No voy a exagerar, pero me da pena esta sociedad que evoluciona hacia el imperio radical del dinero”. Y aguarden, que no es la única. También el liberal de libro Ignacio Camacho se ponía ayer en su columna de ABC el pañuelo de Rodiezmo: “Va a ser una escabechina. La reforma laboral teóricamente destinada a estimular el empleo ha acabado, por mucho que se trate de disimular con el eufemismo de la ‘flexibilización’, en un decreto de fomento del despido”. Aprendan, Méndez y Toxo.

Último regalo por esta semana. Nos lo sirve sin sacarina Salvador Sostres desde El Mundo: “He aquí la estrategia feminista. No buscan acabar con la violencia que ellas llaman ‘machista’, sino que buscan crear una violencia, ésta sí que claramente feminista, aún más agresiva”.