Entre la Roja y la Azul

Entre la afición y la aflicción, toda la papela patria suspira con la no tan divina Roja, pero La Razón lo hace con más fervor con la Azul. La División, por supuesto: “Los historiadores rechazan la decisión de Defensa de marginar a la División Azul”, protesta por segundo día consecutivo en su primera página, justo debajo de una foto del guaje Villa rotulada con un contundente “¡Que viva España!” Con sus correajes majestuosamente ceñidos a la pluma, Alfonso Ussía reclama el pedestal más alto del museo del Ejército para los que corrieron en auxilio de Hitler a la estepa rusa: “Hubo en la División Azul heroísmo, firmeza, desolación, duda y muerte. Era una guerra. Muchos españoles entregaron su vida. Otros tantos permanecieron once años en los campos de concentración de Stalin”.

Tenía que aparecer él, Stalin, el amigo de Saramago, según denunciaba desde el mismo periódico Carlos Rodríguez Braun, con la mirada inyectada en odio que debieron de tener los delatores durante la Caza de brujas: “Pero ¿con qué estaba comprometido Saramago? Con el comunismo, el sistema más criminal que nunca haya sido perpetrado contra los trabajadores”. El portugués ya está en la Historia. A Braun no se le espera.

Notas necrológicas

Y tampoco parece que vaya a tener un lugar muy destacado Tomás Cuesta, ordeñador de demagogias facilonas y experto en tirabuzones argumentales. Vean cómo se ejercitaba en las páginas de ABC: “Mientras se despabilan tumbas para reavivar la saña y mientras cada cual saca a sus muertos del almario, sucede que, hoy por hoy, cinco millones de personas han sido sepultadas en la cuneta del paro”.

Hablando de sepulturas, desde El Mundo levanta el dedo el enterrador vocacional Luis María Anson. Agita con sus nerviosas manos el enésimo certificado de defunción del inquilino de Moncloa. Esta vez, para que le hagamos caso, se adorna a modo: “Zapatero es un cadáver político que se descompone en su palacio monclovita entre incesantes rumores. El difunto está de cuerpo presente y así lo mantendrán todo el tiempo que puedan sus vuvuzelas, las Malenis, Chacones, Bibianas y Elenas, encantadas de disfrutar gratis total de la plácida vida del poder.”

Esto necesita un corolario. Nos lo sirve, diligente, el editorialista de Cope: “La ocultación de la verdad se ha convertido, desde hace tiempo, en uno de los juegos preferidos de los políticos secundados por poderosos medios de comunicación”. Sabe de qué habla.