La trama mediática

Rojo, color español

¡Ay, la heroica (ejem) Roja! ¡Cuántos suspiros provocas a siniestra y a diestra! Sí, a diestra también, pese a ese alias que más que resabios a barricada, tiene música con letra de Pemán. Desde La Razón, José Antonio Vera desenvaina la Tizona y reta a duelo a quien ponga en duda la inveterada españolidad de lo bermejo, carmesí o colorado: "El color rojo es, amén del que lleva nuestra selección en su camiseta desde siempre, el que exhibimos con orgullo en nuestra bandera, y en los escudos de Castilla y de Navarra, y en las enseñas de los antiguos reinos de Aragón y de Valencia".

Ahí tienen a un auténtico defensor de las esencias hispánicas, no como esa asociación de guardias civiles que ha pedido retirar el castizo lema "Todo por la patria", que preside desde 1937, Primer Año Triunfal, sus cuarteles. Le tienen contento a Carlos Herrera, que se despachaba así contra los beneméritos en ABC: "Me temo que les ha entrado un ataque de cursilería, que es precisamente lo último que se espera de un Guardia Civil, uno de esos refugios en los que la Patria se siente como en casa, segura, al abrigo de insidias". Que se lo digan a Tejero.

 

Nostalgias del recluta Ussía

 

Se nos van los valores por el desagüe. ¿Y saben por qué? Por haber liquidado la mili, según pontificaba ayer en La Razón el orgulloso recluta Alfonso Ussía: "Una buena parte de la falta de educación que hoy exhibe un amplio sector de nuestra juventud viene de la descomposición familiar, la nula disciplina escolar y la ausencia de contacto y experiencia de nuestros jóvenes con el estamento militar".

Para colmo de desgracias, la perversa progresía se apresta a quitar los crucifijos de las paredes públicas de esta nación milenaria. ¡Con lo que libera verlos ahí, tan clavaditos! Menos mal que tenemos al sabio editorialista de Cope para recordárnoslo: "La presencia de la Cruz no es coactiva, sino liberadora. A nadie le obliga a confesar su dimensión teológica y salvífica. Basta con reconocer que el cristianismo está, por derecho propio, en la raíz de la cultura europea".

Claro que sí. La cruz es liberadora. Y el burka ni les cuento. Lo que pasa es que, como decía en la emisora episcopal el mulá Juan Manuel De Prada, en esta parte del mundo somos unos fariseos: "Uno no acaba de entender muy bien por qué en Occidente se considera denigrante que una mujer se tape la cara y no se considera denigrante que una mujer enseñe el culo". Ahí les han dado, ¿eh?